miércoles, 5 de abril de 2017

'LA CASA DE LA PAZ'. Retrato preciso de la falta de esperanza



CRÍTICA DE TEATRO

'La casa de la paz'
Autor: Lothar Kittstein
Versión libre: Juan Reguilón
Dirección: Nuria Pérez Matesanz
Nave 73 (Madrid)

Tres soldados alemanes con su pasado a cuestas se dan cita en un lugar tan ignoto como atrayente. Todo se debe a una avería de su Jeep y a su reparación, lo que les hace estar lejos de cualquier lugar. Con esta premisa comienza el juego de tomar conciencia de lo que les sucede. La puesta en escena de Nuria Pérez Matesanz es inteligente y consigue que la tensión que ya de por sí marca el texto se vea reforzada por unas intenciones muy claras que nunca resultan impostadas. La falta de aire que va acompañando a las acciones tiene en el espacio sonoro, la escenografía, el vestuario y la iluminación unos aliados que recrudecen ese viaje a los infiernos. 

El trío protagonista está lleno de contradicciones que resultan imprescindibles a la hora de identificar quiénes son y en qué momento vital están. Ese Jeep averiado no deja de ser una excusa para que cada uno de los protagonistas saque ese 'yo' que le acompaña y sobre el que apenas habían podido reflexionar. El hecho de que uno de los personajes sea una mujer dulcifica  y evoca cierta ternura que florece en los tres soldados. La añoranza, la homosexualidad, el deseo, cierta ilusión, la pasión, el miedo y la disciplina son los elementos que se  alternan y evolucionan en ese viaje emocional por el que transitan los soldados. La ilusión siempre viene por Marie, el personaje femenino -excelente y entregada Lucía Casado-, que es un claro contraste con Jost y Lorenz, ya desgastados y en ocasiones timoratos en lo que es su situación personal. El alcohol sirve también para dar salidas a esas angustias que acompañan, fundamentalmente a Jost, que por momentos parece asumirse en lo que fueron sus deseos. La ensoñación tiene una participación determinante cuando se trata de rasgar el pasado y los personajes tan ligados a la realidad se ven inmersos en esas añoranzas y esos anhelos tan alejados de lo que la propia Marie puede sentir. Es en ese contraste donde la pieza alcanza grandes momentos que sirven para constatar que la motivación de cada personaje es muy diferente pero a su vez están íntimamente ligadas. 

La fuerza del subtexto siempre aporta y más cuando cada personaje va despojándose de la máscara que posee. Esta riqueza vital es la que asoma en esos momentos de flaqueza. Los tres actores defienden muy bien sus roles. No importa que alguna vez se empleen tonos demasiado agresivos dado que son personas que tienden a vivirlo todo con mucha intensidad. La adaptación, dentro de su corrección, mantiene algunas frases que se podrían considerar demasiado educadas o literarias y más si se atiende a la tensión del instante. Nuria Pérez formula en las transiciones un elemento más de tensión para que la obra avance y nunca se estanque. ‘La casa de la paz’ es un montaje atrevido, realizado con talento que disecciona la falta de esperanza con toques de ilusión. 

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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